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Ver lo que pide ser escuchado

  • 17 jun
  • 3 min de lectura

Muchas personas llegan a consulta o a una práctica de yoga diciendo:


"No sé qué me pasa", "Estoy cansada todo el tiempo", "Me siento ansiosa sin motivo", "No puedo descansar".


A menudo, detrás de estos síntomas no hay un problema que resolver rápidamente, sino algo que necesita ser escuchado. Porque el cuerpo habla.


Habla a través de la tensión en los hombros, del nudo en la garganta, de la respiración que se vuelve superficial, del insomnio, de la fatiga o de esa sensación constante de estar en alerta. Lo que no encuentra palabras suele encontrar otras formas de expresarse.


El cuerpo como un mensajero


Desde la psicología somática comprendemos que las emociones no son únicamente experiencias mentales. Son experiencias corporales. La tristeza puede sentirse como un peso en el pecho. El miedo como una contracción en el abdomen. La rabia como calor o tensión en los músculos.

Cuando ignoramos repetidamente estas señales, no desaparecen. Muchas veces se intensifican.


Escuchar al cuerpo no significa interpretar cada sensación como un problema.

Significa desarrollar una relación más cercana con nuestra experiencia interna.

Significa preguntarnos:


  • ¿Qué estoy sintiendo realmente?

  • ¿Qué necesita mi cuerpo en este momento?

  • ¿Qué emoción he estado evitando?

  • ¿Qué parte de mí está intentando hacerse escuchar?


Estas preguntas abren un espacio de encuentro con nosotros mismos.


La pausa como acto de cuidado


La pausa es una necesidad biológica y emocional. Cuando nos permitimos reducir el ritmo, aparece algo valioso: la posibilidad de percibirnos.


La respiración se vuelve una guía.

El cuerpo deja de ser un instrumento que debe rendir y se convierte en un lugar que podemos habitar. Comenzamos a notar señales que antes pasaban desapercibidas.


A veces descubrimos cansancio donde creíamos que había falta de voluntad.

Otras veces encontramos tristeza detrás de la irritabilidad.

Y en ocasiones reconocemos una necesidad profunda de descanso, compañía o afecto.


Ver con amabilidad


Escuchar lo que emerge requiere una cualidad especial: la amabilidad.

Muchas personas observan su mundo interno desde la crítica. Se juzgan por sentirse ansiosas, sensibles, agotadas o confundidas. Sin embargo, la transformación rara vez ocurre desde la lucha.

La verdadera escucha comienza cuando dejamos de preguntarnos


"¿Qué me pasa?"


Para preguntarnos


"¿Qué está intentando decirme esta experiencia?"


La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la relación con nosotros mismos:


La emoción deja de ser un enemigo.

El síntoma deja de ser un obstáculo.

El cuerpo deja de ser un problema que corregir.

Y comienza a ser un aliado que orienta.


Un camino de regreso a casa


Las prácticas contemplativas como el yoga, el yoga nidra, la meditación y el trabajo corporal consciente nos recuerdan algo esencial: dentro de nosotros existe una sabiduría que no siempre

habla con palabras.


A veces se manifiesta como una sensación.

A veces como una emoción.

A veces como una intuición suave que nos invita a disminuir la velocidad y prestar atención.


Escuchar no significa tener todas las respuestas.

Significa estar dispuestos a permanecer presentes ante nuestra experiencia.


Quizás sanar no siempre consiste en cambiar lo que sentimos.

Quizás, en muchos momentos, sanar consiste en aprender a ver aquello que lleva tiempo pidiendo ser escuchado.

Y ofrecerle, por fin, un espacio donde pueda existir lo que tenga que existir.


Cuando nos detenemos a escuchar con atención y ternura, descubrimos que muchas veces el cuerpo no está en contra de nosotros. Está intentando guiarnos de regreso a nosotros mismos.

 
 
 

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