Mi cuerpo vivo
- hace 3 días
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Hubo un tiempo en el que le tenía miedo al temblor, no al frío, al temblor interno.
Ese movimiento sutil que aparecía en el pecho, en las manos, en la mandíbula.
En medio de episodios de ansiedad sentía que algo en mí estaba perdiendo el control; el corazón acelerado, la respiración alta, la sensación de que el cuerpo iba demasiado rápido para mí.
Intentaba detenerlo; respirar “mejor”, pensar “positivo”... Controlar.
Pero mi cuerpo no estaba fallando, estaba intentando regularse.

Con el tiempo —y desde la mirada de la psicología somática— comprendí algo esencial: el temblor es descarga. Es una respuesta biológica que busca completar lo que quedó activado.
Cuando el sistema nervioso entra en alerta, la energía se moviliza para protegernos, si esa energía no puede expresarse (porque debemos “seguir funcionando”, porque no hay espacio seguro, porque aprendimos a no mostrar vulnerabilidad), queda atrapada.
El temblor es el cuerpo diciendo: Déjame terminar lo que empecé.
No es debilidad, Es regulación en movimiento.
Muchos mamíferos tiemblan después de una amenaza y luego vuelven a la calma. Nosotros, en cambio, hemos aprendido a tensarnos para no sentirlo y a veces confundimos control con seguridad.
Lo más difícil no fue atravesar la ansiedad, fue permitirme descansar después.
Había una parte de mí que creía que si me detenía, algo peor iba a pasar. Como si el descanso fuera peligroso, como si soltar la vigilancia fuera irresponsable.
Pero el cuerpo necesita oscilación (activación y pausa, movimiento y quietud).
Empecé a practicar pequeños momentos de descanso consciente, No como premio por productividad, sino como medicina. Acostarme en el suelo, sentir el peso, permitir que el temblor suave ocurriera sin intervenir. A veces eran micro-movimientos casi imperceptibles, tras veces una sensación de oleaje interno. Poco a poco, después del temblor, aparecía algo nuevo: una exhalación más larga, un calor suave, una sensación de estar sostenida por la gravedad.
Eso era descanso real.
No evasión, reparación.
En episodios de ansiedad, el cuerpo puede sentirse como un enemigo. Pero cuando aprendemos a mirarlo desde la regulación y no desde la corrección, algo cambia profundamente.
Los sintomas no son el problema, la falta de seguridad para permitirlo sí.
Crear un espacio seguro —en terapia, en una práctica de yoga somático, en una experiencia de yoga nidra— transforma el sintoma en aliado. El cuerpo descarga lo que estaba retenido y luego, de manera orgánica, busca la quietud.
El descanso que sigue no es forzado.
Es biológico.
Es el sistema nervioso recordando que puede volver.

Una práctica suave
Si alguna vez sientes ansiedad y aparece el temblor:
Primero asegúrate de estar en un lugar seguro.
Siente el contacto de tus pies o tu espalda con la superficie.
No intentes detener el movimiento, solo acompáñalo.
Permite que la exhalación sea un poco más larga, si el cuerpo lo permite.
Repite internamente: Estoy a salvo ahora.
A veces el descanso no llega como silencio absoluto, llega como una pequeña disminución de intensidad, con un centímetro más de espacio interno.
Y eso es suficiente.
Hoy sé que el cuerpo no quiere sabotearme.
Quiere proteger la vida que soy.
Mis sintomas fueron, muchas veces, el inicio del descanso.
Y el descanso, el comienzo de una relación más amorosa conmigo misma.
Si este texto resonó contigo, quiero decirte algo importante: no estás sol@ en lo que tu cuerpo expresa. Los episodios de ansiedad no son una falla personal, son historias que el Sistema Nervioso aún está intentando completar.
En mis espacios de acompañamiento —ya sea en sesiones individuales, en prácticas de yoga somático o en experiencias de yoga nidra— trabajamos precisamente esto: crear un lugar donde el cuerpo pueda sentir sin juicio y descansar sin miedo.
Un espacio donde la regulación no se impone, se cultiva.
Donde el descanso no es evasión, es reparación.
Donde el cuerpo vuelve a sentirse en casa.
Si sientes que es momento de aprender a habitar tu cuerpo con más seguridad y a confiar en el descanso que viene después, estaré aquí para acompañarte. Porque el cuerpo no necesita que lo fuerces, necesita que lo escuches.
Con amor,
Kate 🌷



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