La respiración como acto de honestidad corporal
- Esencial

- hace 6 días
- 2 Min. de lectura

Antes de que podamos explicarnos lo que sentimos, antes de que aparezca el discurso interno o la voluntad de “estar bien”, la respiración ya está contando la verdad en nuestro cuerpo.
La respiración revela el estado del sistema nervioso con una precisión silenciosa.
Cuando hay seguridad, se vuelve amplia y continua.
Cuando hay miedo o exigencia, se acorta.
Cuando hay cansancio profundo o sobrecarga emocional, se vuelve mínima, casi invisible.
No interpreta lo que pasa: lo encarna.
Por eso, acercarnos a la respiración no es un ejercicio de control, sino un acto de escucha. Escucha de aquello que está vivo ahora mismo en el cuerpo, incluso cuando no coincide con la narrativa que sostenemos mentalmente. La respiración no se adapta a lo que creemos que deberíamos sentir; responde a lo que realmente está ocurriendo.
En el trabajo somático y en el yoga, la respiración funciona como un puente entre lo consciente y lo implícito. Nos muestra si estamos presentes o disociados, si hay permiso para habitar el cuerpo o si seguimos operando desde la defensa. Muchas veces revela tensiones antiguas, emociones no nombradas o un cansancio que ha sido ignorado durante demasiado tiempo.
Respirar conscientemente no significa forzar profundidad ni buscar calma de inmediato. Significa permitir que la respiración sea como es. Acompañar una inhalación corta sin exigir que se alargue. Sostener una exhalación temblorosa sin corregirla. En ese gesto hay una ética del cuidado: no violentar al cuerpo con expectativas, no pedirle que se regule antes de sentirse escuchado.
Desde la psicologia somatica sabemos que la regulación forzada reproduce la violencia: pedirle al cuerpo que se tranquilice cuando todavía está contando su verdad. Cuando la respiración es respetada, el cuerpo empieza a confiar. Y cuando hay confianza, la respiración, por sí sola, encuentra más espacio. Así, la honestidad corporal no se convierte en una exposición dolorosa, sino en una base sólida para la autorregulación, la presencia y el descanso profundo.

Cuando la respiración es reconocida, el cuerpo baja la guardia. No porque se le ordene, sino porque se siente visto. La amplitud llega después, como consecuencia, no como objetivo.
Desde la clínica psicológica, la respiración es un indicador sutil de integración.
Cuando el cuerpo empieza a respirar con menos vigilancia, sabemos que algo se ha reordenado.
Que la experiencia empieza a alojarse.
Que la defensa ya no necesita ser constante.
Respirar, entonces, no es una técnica. Es un acto ético.
Una forma de decirle al cuerpo: no t
e voy a mentir, no te voy a apurar, no te voy a corregir.
Solo voy a quedarme aquí, mientras dices tu verdad.
Respirar, entonces, no es solo una función vital.
Es una forma de verdad.
Y también, una forma de volver a casa.




Comentarios